enero 27, 2008

Amused To Death: rendirse a la evidencia

Las experien- cias de Roger Waters tras dejar Pink Floyd no fueron las más afortu- nadas. The Pros and Cons of Hitchhiking (1984) fue su primer intento. El concepto para este álbum había sido desechado por sus ex compañeros Gilmour, Wright y Mason, quienes cinco años antes optaron por realizar The Wall. La idea siguió rondando la mente de Waters y, con la ayuda de Eric Clapton y Andy Newmark, la materializó con una fuerte orientación al blues y copiando algunos riffs de In the flesh, con resultados irregulares aunque no del todo malos.
Su siguiente aventura fue Radio K.A.O.S. (1987), un bizarro experimento de carga new wave que fue un completo fracaso tanto en lo económico como en lo musical. El mismo Waters ha reconocido que mascaba su rabia al presentarse en teatros semivacíos durante esta gira mientras sus ex colegas llenaban mega estadios durante el tour de A Momentary Lapse of Reason.
Aprovechando la coyuntura política tras la caída del muro de Berlín, Waters pensó en hacer algo de ruido –y de rescatar parte de su decadente carrera- montando The Wall in Berlín (1990), espectáculo con el que seguramente ganó varios millones, logró aparecer en la prensa mundial, pero que resultó todo un fiasco del punto de vista estético y creativo.
Tras casi diez años tratando de dar con una nueva identidad musical, Roger Waters debe reconocer que la marca (ni el concepto, ni el alma, etc. etc.) Pink Floyd no se la puede sacar de encima.
En 1992 lanza su producción Amused To Death, con la comentada portada del chimpancé viendo TV. ¿De qué se trata este álbum? Una producción conceptual de principio a fin marcada por la angustia social (la postguerra, las matanzas en Tiananmen) y clásicas obsesiones de Waters (el abandono, la soledad, el mítico regreso al hogar, etc).
Con la voz indudablemente más gastada, el disco se desarrolla como una interpretación contemporánea al estilo The Wall o The Final Cut.
Con la ayuda del productor Patrick Leonard (quien también ha colaborado con el Pink Floyd-Gilmour y con Madonna), Waters construye un álbum muy sólido y coherente, con un sonido -no podía ser de otra manera- floydiano.
Algunos casos se dan con la repetición de especies de letanías en distintas claves y canciones. Por ejemplo: What God Wants, part I; What God Wants, part II; What God Wants, part IIILate Home Tonight, part I; Late Home Tonight, part IIPerfect Sense, part I; Perfect Sense, part II…Si esto no es fórmula recurrente del estilo Floyd, no sé que puede ser
Quisiera mencionar un caso especial. ¡Qué parecida es en la base rítmica y de acordes de Three Wishes con High Hopes (The Division Bell, Pink Floyd, 1993)!. ¿Espionaje? Es difícil saberlo. El hecho de que el disco de los otros Floyd hubiera aparecido un año después no significa que las canciones no hayan estado compuestas...
Para concluir, talvez el reconocimiento más explicito del regreso de Waters a las fuentes floydianas lo constituye What God Wants, part III, que comienza con un eco de sonar copiado al pelo de Echoes (Meddle, 1971), y posteriormente despacha un solo muy (pero muy-muy) a lo Gilmour en Confortably Numb. Como no lo tiene a él, el veterano Jeff Beck hace su aporte con la guitarra.
No se crea que estoy menoscabando a este disco. Para nada. Simplemente, estamos haciendo un reconocimiento de que el viejo y querido Roger orientó bien las ideas hacia lo qué él sabe hacer. Después de esta producción no ha sido muy generoso Waters en cuanto a producciones. Ha sacado algunas recopilaciones, sacó una opera (Ça Ira) y recientemente se ha dedicado a recorrer el mundo recreando The Dark Side Of The Moon (ya lo he visto dos veces en Santiago). Pero discos de los que queremos oírle, nada de nada.

1 Comments:

OpenID darknightofthespirit said...

No me preguntes como llegué acá jajaja. Tan solo comentarte que grata sorpresa es tu afición musical, sobre todo por The Cure y New Order. Es una faceta que no se puede compartir en momentos de oficina.
Nos vemos ;)
Alfredo

3:51 AM  

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