febrero 13, 2009

Us: banda sonora para el quiebre de una relación

Tras su salida de Genesis en 1976, el británico Peter Gabriel inició una prolífica carrera solista marcada por las temáticas sociales y, en lo musical, progresivamente marcada por las influencias étnicas (especialmente africanas) en un concepto que el artista acuñó como la “world music”. El punto más alto de esta tendencia lo marcó su producción SO (1986), tras lo cual se embarcó en una gira mundial con Amnesty International a favor de los derechos humanos, donde participaron músicos como Sting, Bruce Springsteen o Tracy Chapman, entre otros.
Debido a la dictadura de Pinochet, esta gira no pudo presentarse en Chile. Tras el retorno a la democracia en 1990, Amnesty organizó un concierto especial de dos días en Santiago, donde Peter Gabriel volvió a presentarse con Sting y, además, conoció a una joven irlandesa llamada Sinead O’Connor. Un entonces famosísimo quinteto New Kids On the Block dio la nota adolescente a la primera jornada.
En 1992 Peter Gabriel lanza el álbum más personal de su carrera, marcado por el profundo dolor de su divorcio. Al contrario de su trayectoria previa, US prácticamente abandona lo político-sociales y se centra en las relaciones humanas, en los afectos, en la decepción, en el abandono. Al escuchar cada canción es posible ir develando las distintas fases que puede ir experimentando un ser humano al enfrentar el doloroso quiebre de una relación. Al respecto, nada más claro que el inicio del álbum: “ven y háblame”, Come to Talk to Me (una colaboración con Sinead O’Connor, con quien había interpretado una sentida Don’t Give Up en Amnesty-Santiago)
En Washing of the Water (con un inicio melódico impresionantemente parecido a la canción “Gana la gente”, tema de la Concertación para las campañas presidenciales en Chile a fines de 1989), Gabriel manifiesta su necesidad de ser expiado, liberado, de salir un sufrimiento insoportable. Con ritmo pausado, es uno de los momentos más hermosos y profundos del LP, en particular con la frase final "to take this pain away".

No obstante, la siguiente canción -Digging in the Dirt- es una violenta expresión de rabia, en enfado, casi como una furiosa venganza… “Shut your mouth, just drive the car” dice antes dejarse caer en los tristes versos donde hace referencia a escarbar en la tierra, en la suciedad, en el dolor.
Love to be Loved es otro profundo análisis sobre las relaciones humanas, sobre lo ambiguo del amor en pareja cuando se conjuga la nobleza de dar con el interés egoísta en recibir. La siguiente canción, Blood of Eden (otra colaboración con la O’Connor) está en la misma línea purificadora Washing of the Water.
Fourteen Black Paintings constituye un llamado a la espiritualidad. Casi instrumental con una breve letanía hacia el final, el tema se nutre de las influencias norafricanas. Según relata el mismo Peter Gabriel, esta canción la compuso después de haber visitado una pequeña capilla en el desierto del oeste norteamericano, donde una serie de pinturas y la soledad del lugar le hicieron experimentar un misticismo único.
US concluye con la hermosa Secret World (que dio el nombre a la gira mundial para este disco), que pareciera casi flotar de la mano del bajo de Tony Levin.
Un dato para terminar: el CD viene acompañado con una serie de muestras gráficas de gran valor. Dado a las artes interdisciplinarias, Peter Gabriel hizo escuchar a diferentes artistas en el mundo las canciones de esta producción, y la interpretación visual que dieron a cada tema es lo que acompaña el disco.
El 24 de marzo Peter Gabriel toca otra vez en Santiago. Allí estaremos nuevamente.

septiembre 16, 2008

Muere Richard Wright, tecladista de Pink Floyd

Richard Wright, teclista y uno de los cuatro músicos fundadores del legendario grupo británico Pink Floyd, falleció ayer a los 65 años a consecuencia de un cáncer en su casa de Gran Bretaña. "La familia de Richard Wright, miembro fundador de Pink Floyd, anuncia con gran tristeza que Richard falleció hoy (por ayer) después de una corta lucha contra el cáncer", comunicó ayer un portavoz del músico desaparecido. "La familia ha pedido que su privacidad sea respetada en este difícil momento". Wright, junto al guitarrista y vocalista Syd Barrett, el bajista Roger Waters y el batería Nick Mason, dieron a luz al grupo Pink Floyd, en el que el órgano de Wright se convirtió en una de las referencias sonoras en el álbum de debut de la formación, el mítico y marcadamente psicodélico The piper at the gates of dawn.

De hecho, Wright se había matriculado a los 17 años en la Regent Street School of Architecture, donde conoció a Mason y Waters. Rápidamente formaron un grupo y a los seis meses se incorporó Syd Barrett que determinó el estilo innovador de los futuros Pink Floyd. Tras la marcha, pocos años después del arranque del grupo, de Barrett -genial compositor e intérprete-, motivada por sus trastornos mentales y su dependencia de las drogas, y su sustitución por David Gilmour, las responsabilidades musicales de Wright aumentaron significativamente. En los créditos del segundo elepé de la banda, A saucerful of secrets,s u nombre aparece en dos cortes como cantante y compositor. Entre las obras más destacadas de su silenciosa carrera en Pink Floyd destaca su vis como coautor de Summer´68, considerada unánimemente como la cumbre de Atom heart mother (para los aficionados, "el de las vacas") y de dos de los temas más impresionantes de The dark side of the moon, léase Us & them y The great gig in the sky.

Autodidacta pianista, su conversión en multiteclista (sintetizadores, secuenciadores...) devinieron en pilar del sonido del grupo. El prestigioso crítico estadounidense David Fricke recordaba hace un año en The New York Times que "Rick Wright compuso la figura pianística que aparece en el núcleo de esta canción [ Us & them]durante las sesiones de grabación de la película Zabriskie point,de Michelangelo Antonioni. Éste finalmente lo rechazó, lo que permitió a Wright recuperar el tema y convertirlo en una de las cumbres de The dark side...".

El músico británico (nacido en Londres el 28 de julio de 1943 en el seno de una acomodada familia) permaneció como miembro de pleno derecho del histórico cuarteto -considerado una de las bandas precursoras de la música psicodélica de los años 60 y 70-hasta que una serie de desencuentros y abiertas disputas con Roger Waters precipitaron su abrupta salida en 1979, justo después de la publicación del conceptual The wall. Esta ruidosa expulsión, de hecho, comenzó a larvarse en el momento en que Pink Floyd comenzó a abandonar su condición de reverenciado grupo que elaboraba hermosa y rupturista (para la época) música experimental para acabar convirtiéndose en una banda de éxito planetario. Saltar de una posición cercana al underground a llenar grandes aforos y vender millones de discos (sobre todo a partir de 1973, cuando dejaron boquiabierta a una audiencia no sólo especializada con una obra aún experimental como The dark side of the moon),hizo estallar los egos flotantes en el interior del combo. Una situación que había comenzado antes, con la comentada sustitución de Barrett por Gilmour, la asunción de éste de un protagonismo interpretativo y de imagen que molestó irremediablemente a Roger Waters, y el distancimiento entre este último -el verdadero genio musical de la banda-y sus compañeros.

La marcha del teclista no fue completa puesto que Waters -devenido en juez y señor de los designios de una de las formaciones más rentables del planeta-lo contrató como músico asalariado durante la gira que siguió a la aparición del comentado The wall. El culebrón siguió hasta hacerse insostenible: cuando la continuidad del grupo era inviable, Waters presentó una demanda judicial con Gilmour, Mason y Wright para evitar que éstos empleasen canciones, logotipos e imagen que hiciesen referencia a la marca Pink Floyd. Perdió. Eso permitió que Gilmour y Mason recuperaran el grupo y llamaran al teclista en 1987 para la grabación de A momentary lapse of reason. Aún tendrían que transcurrir siete años para que se convirtiera nuevamente en miembro de pleno derecho, ya instalado en la elaboración de The division bell, el último disco de Pink Floyd.

Asimismo, en su currículo aparecen dos obras en solitario, Wet dream (1978) y Broken China (1996). Ya en épocas mucho más recientes, Wright también se sumó a la excepcional reunificación londinense de toda la banda con motivo del macroconcierto Live 8 en 2005, y este mismo año se ha sumado a la gira en solitario de su ex compañero y amigo David Gilmour.

mayo 03, 2008

Ey!: maldito y sofisticado

Algo pasa en la cultura musical argentina que le cuesta aceptar su identidad latino- americana. La música de este país está repleta de alter egos de otros notables provenientes de los horizontes anglófonos. Sandro es el Elvis argentino; Serú Girán eran los Beatles argentinos; Spinetta es el Bob Dylan; los Ratones Paranoicos son los Stones argentinos (literalmente, una copia), y la lista puede seguir…
Voy a cooperar con un aporte: Fito Páez es el Elton John argentino. En su primera etapa inspirado, creativo, buscador, provocador y hasta maldito. En los últimos años, complaciente, rostro del establishment y bastante mamón.
Ey! (1988) es un disco realmente maravilloso que, por cierto, debemos ubicarlo en su etapa destacable.
Ya se ha contado bastante la historia de las abuelas de Páez que fueron asesinadas en Rosario. La rabia y el dolor de este hecho dieron origen al furioso Ciudad de Pobres Corazones. Aún agustiado con este dolor (y otros más), un año después el autor lanzó Ey!, grabado entre New York y La Habana.
El hombre ha tocado fondo y eso se percibe transversalmente en la obra. El disco es oscuro –muy oscuro- y lleno de amargura. El primer verso de “No más. Por hoy. De verdad.” en la canción
Lejos de Berlín da cuenta del escapista estado de ánimo que mueve a esta producción.
En todo caso, la sola presencia de una canción majestuosa y extraordinaria como Tatuaje falso deja en claro que esta obra vuela alto, pero que sabe manejar matices de distinta índole: medio-kinky (Alacrán (Resaca)), medio-gay (Sólo los chicos) y medio-surrealista (Polaroid de locura ordinaria).
Son en total nueve canciones que dan como resultado un disco redondo, perfecto y –paradójicamente a lo planteado- muy iluminado, lleno de búsquedas musicales que vienen del rock (Canción de amor mientras tanto), pero que van mucho, mucho más allá (Por siete vidas (Cacería)).
Mi favorita: Dame un talismán.

enero 27, 2008

Amused To Death: rendirse a la evidencia

Las experien- cias de Roger Waters tras dejar Pink Floyd no fueron las más afortu- nadas. The Pros and Cons of Hitchhiking (1984) fue su primer intento. El concepto para este álbum había sido desechado por sus ex compañeros Gilmour, Wright y Mason, quienes cinco años antes optaron por realizar The Wall. La idea siguió rondando la mente de Waters y, con la ayuda de Eric Clapton y Andy Newmark, la materializó con una fuerte orientación al blues y copiando algunos riffs de In the flesh, con resultados irregulares aunque no del todo malos.
Su siguiente aventura fue Radio K.A.O.S. (1987), un bizarro experimento de carga new wave que fue un completo fracaso tanto en lo económico como en lo musical. El mismo Waters ha reconocido que mascaba su rabia al presentarse en teatros semivacíos durante esta gira mientras sus ex colegas llenaban mega estadios durante el tour de A Momentary Lapse of Reason.
Aprovechando la coyuntura política tras la caída del muro de Berlín, Waters pensó en hacer algo de ruido –y de rescatar parte de su decadente carrera- montando The Wall in Berlín (1990), espectáculo con el que seguramente ganó varios millones, logró aparecer en la prensa mundial, pero que resultó todo un fiasco del punto de vista estético y creativo.
Tras casi diez años tratando de dar con una nueva identidad musical, Roger Waters debe reconocer que la marca (ni el concepto, ni el alma, etc. etc.) Pink Floyd no se la puede sacar de encima.
En 1992 lanza su producción Amused To Death, con la comentada portada del chimpancé viendo TV. ¿De qué se trata este álbum? Una producción conceptual de principio a fin marcada por la angustia social (la postguerra, las matanzas en Tiananmen) y clásicas obsesiones de Waters (el abandono, la soledad, el mítico regreso al hogar, etc).
Con la voz indudablemente más gastada, el disco se desarrolla como una interpretación contemporánea al estilo The Wall o The Final Cut.
Con la ayuda del productor Patrick Leonard (quien también ha colaborado con el Pink Floyd-Gilmour y con Madonna), Waters construye un álbum muy sólido y coherente, con un sonido -no podía ser de otra manera- floydiano.
Algunos casos se dan con la repetición de especies de letanías en distintas claves y canciones. Por ejemplo: What God Wants, part I; What God Wants, part II; What God Wants, part IIILate Home Tonight, part I; Late Home Tonight, part IIPerfect Sense, part I; Perfect Sense, part II…Si esto no es fórmula recurrente del estilo Floyd, no sé que puede ser
Quisiera mencionar un caso especial. ¡Qué parecida es en la base rítmica y de acordes de Three Wishes con High Hopes (The Division Bell, Pink Floyd, 1993)!. ¿Espionaje? Es difícil saberlo. El hecho de que el disco de los otros Floyd hubiera aparecido un año después no significa que las canciones no hayan estado compuestas...
Para concluir, talvez el reconocimiento más explicito del regreso de Waters a las fuentes floydianas lo constituye What God Wants, part III, que comienza con un eco de sonar copiado al pelo de Echoes (Meddle, 1971), y posteriormente despacha un solo muy (pero muy-muy) a lo Gilmour en Confortably Numb. Como no lo tiene a él, el veterano Jeff Beck hace su aporte con la guitarra.
No se crea que estoy menoscabando a este disco. Para nada. Simplemente, estamos haciendo un reconocimiento de que el viejo y querido Roger orientó bien las ideas hacia lo qué él sabe hacer. Después de esta producción no ha sido muy generoso Waters en cuanto a producciones. Ha sacado algunas recopilaciones, sacó una opera (Ça Ira) y recientemente se ha dedicado a recorrer el mundo recreando The Dark Side Of The Moon (ya lo he visto dos veces en Santiago). Pero discos de los que queremos oírle, nada de nada.

diciembre 29, 2007

Eat Me, Drink Me: si los aviones caen…

Siempre he planteado que a los buenos álbumes cuesta digerirlos a la primera escucha. Cuando por primera vez lo oyes, no lo entiendes, no distingues las melodías, no sabes dónde están los acentos, etc. etc. Pero tras insistir y repetir, hay un momento en que mágicamente se abren las texturas, los acordes, las armonías o –mejor aún- muy pequeños instantes resplandecientes justo en el medio o hacia el final de una canción.
Eat Me, Drink Me es el álbum 2007 de la banda Marilyn Manson (MM).
¿Banda? Creo que no es correcto llamarla así. Tras el glorioso momento que significó la producción Holy Wood (ya comentada en este espacio), salió del conjunto el histórico bajista y compositor (y a ratos, guitarrista) Twiggy Ramírez, verdadero cerebro y alma musical de MM. Hoy, bajo su verdadero nombre –Jeordie White- toca el bajo para Nine Inch Nails, entre otros proyectos. Fue reemplazado por el multi-instrumentista sueco Tim Skold, quien realizó varias labores de producción para el siguiente trabajo, The Golden Age of Grotesque.
Tras este último álbum se produjo una verdadera estampida en el grupo tras la salida del guitarrista John 5 (probablemente, uno de los más grandes intérpretes de la guitarra en la actualidad a nivel global) y del largo tiempo tecladista y compositor, M.W. Gacy.
La separación de personas también afectaba al mismo tiempo al propio Brian Warner (verdadero nombre de Manson), quien escandalosamente se divorciaba de la artista alemana
Dita Von Teese, con quien se había casado en una extraña ceremonia oficiada por mi compatriota Alejandro Jodorowsky. El hombre había tocado fondo, y de hecho en los créditos de Eat Me, Drink Me reconoce que se encontró “al final del abismo”.
Para este álbum la totalidad de las canciones fueron compuestas por Tim Skold, quien además tocó las guitarras, bajos, teclados, y realizó las programaciones y la producción general. Warner puso las voces incorporando algunas letras y melodías. Un dato curioso: Ginger Fish, quien aún se mantiene como baterista de la banda, fue excluido de los créditos.
En resumen, este disco debiera haberse llamado algo así como Tim Skold featuring Marilyn Manson, porque el grupo como tal ya no existe. Pero el poder de la marca es vendedor y ya sabemos cómo son estas cosas cuando de dinero se trata.
Vamos al álbum.
Si bien tiene algunas ideas interesantes, pensamos que está más lleno de dudas que de aciertos. Muy multi-instrumentista será Skold pero, definitivamente, no toca bien la guitarra (algo más que fundamental para hacer rock). Algunos riffs sino son ingenuos, al menos son penosos. Dos casos: la sección final de Putting Holes in Happiness o el solo de The Red Carpet Grave parecen obra de Richie Sambora (con las disculpas para éste último...).
Hace unos días vi en Youtube cómo la formación 2007 de MM interpretaba la antigua The Fight Song y casi daba pena ver cómo Tim Skold hacía las guitarras que en su versión original marcaban tan fuertemente los ritmos de rock industrial.
Al principio de esta crónica planteaba que a los buenos álbumes cuesta asimilarlos. Me ha costado escuchar esta producción y, por momentos, he pensado que podría llegar a descubrir un álbum maravilloso. Pero eso no se ha producido. Para hacerme una idea más general, he vuelto a escuchar los predecesores Holy Wood y The Golden Age of Grotesque, y sencillamente Eat Me, Drink Me es mucho más débil.
Seamos honestos, el disco tampoco es un desastre. De hecho, genera algunos momentos interesantes, especialmente cuando se acerca hacia el blues, como en Just a Car Crash Way, una desgarradora melodía (donde nuevamente sobra el solo) o en la pausada apertura que nos entrega If I Was Your Vampire.
También quisiera destacar la canción You and Me and The Devil Makes 3, que se acerca a la tradición sonora de MM, o la “orejera” Heart-Shaped Glasses (principal single del CD).
Para terminar, el álbum tiene un bonus track de este single, en versión “punchi punchi” remezclada por Jade Puget, la cual francamente no aporta nada y, más bien, quita. Una muestra más de los errores que se dejaron pasar en Eat Me, Drink Me y que marcan un paso en falso en la carrera de Marilyn Manson, lo cual que confirma que si los aviones pueden caerse, las mega estrellas estrellas del rock también pueden hacerlo.

agosto 21, 2007

Departamentos Vacíos: la gran excusa de Heyne

Departa- mentos Vacíos corres- ponde a la banda sonora de la prescin- dible película Se Arrienda, del cinéfilo y meló- mano escritor reconver- tido en cineasta, Alberto Fuguet. Del filme no vamos a hablar.
Como suele pasar en producciones de este tipo, no es raro que la producción musical sea más interesante que la obra que le dio excusa para existir. Éste es uno de esos casos.
El hombre-banda de Shogún, Cristián Heyne ya había probado suerte como film music producer en Los Debutantes, saliendo victorioso del desafío. Departamentos Vacíos (supuesto nombre de la música grabada por el protagonista de Se Arrienda) es la continuación lógica de este acierto.
Con una equilibrada combinación de temas propios (algunos en solitario, otros en formato Shogún) más un conjunto de otros intérpretes, Heyne lograr armar un álbum más que consistente, lleno de matices, contrastes y, sobre todo, buenas canciones.
Se parte con Encontrar, del ingeniero reciclado como ejecutivo radial y comentarista musical, Andrés Valdivia. Tema bonito, sencillo, orejero.
La segunda es Celda, de Heyne, verdadera reinterpretación chilensis de Something I Can Never Have, de Nine Inch Nails.
Nicole está más que precisa con No me confundas (buena base rítmica, buena guitarra, muy buen desempeño vocal), el cual es seguido de la oscura El fin de la fiesta (nuevamente Heyne), ideal para momentos de contraste y tensión (pero no tanta).
Uno de los momentos más altos es el que consigue la notable cantautora Javiera Mena con Cámara lenta. Favor poner atención: Javiera Mena es estupenda, sensible, y posee una voz envolvente que si te pilla mal parado, no te suelta. Simplemente notable.
La transformación (de Shogún) marca un quiebre electrónico instrumental que vale la pena ser escuchado más de una vez (¡qué buenas las texturas!), para luego dar paso a un alegre experimento: Wasabi. Interpretada por la juvenil ex Supernova, Elisa Montes, es una canción compuesta por ella misma más Fuguet y Heyne, donde en clave divertimento dance se refiere (¿se refiere a algo?) a la cultura sushi de desecho. Sin duda, otro de los momentos geniales del disco.
La muerte, de Shogún, es otro instrumental que aporta lo suyo antes de oírse el bolero Sufrir (por Daniel Castro, en base a una tradicional de Francisco Flores del Campo, el de la.. ¡Pérgola de la Flores!), a mi gusto, prescindible y fuera de contexto.
El centro del centro es otra instrumental de Heyne, esta vez en clave guitarra, donde demuestra que más allá de la parafernalia industrial, también puede jugar el músico.
La continuación es otra instrumental –La corrida final-, esta vez de Valdivia, de nivel similar a la anterior, para concluir –otra vez Valdivia- con la acústica Emerger. Debemos decir que éste es el verdadero fin del álbum.
Lamentablemente -y no sabemos por qué, ¡¡tal vez por presiones de algún productor ávido de dinero!!- se adicionaron dos canciones de Soda Stéreo: Trátame suavemente y Telekinesis. No tengo nada contra los Soda, todo lo contrario, pero fue un error incluir esos temas aquí, nada que ver con el conjunto.
En todo caso, no desmerece la calidad global que ofrece Departamentos Vacíos, un disco de alta factura.

agosto 15, 2007

One Hot Minute: Red Hot a lo Jane’s Addiction

Consumido por las drogas y el alcohol, el virtuoso guitarrista John Frusciante sale de los Red Hot Chili Peppers después del aclamado y multilplatino disco Blood Sugar Sex Magic.
Tras una serie de pasos en falso con una serie de guitarristas, la banda de Antonhy Kiedis (voz), Flea (bajo) y Chad Smith (batería) da finalmente con el ex Jane’s Addiction, Dave Navarro, y graba el extraordinario álbum One Hot Minute, lanzado en 1995.
El acoplamiento entre el guitarrista descendiente inmigrantes españoles y el resto fue instantáneo, provocando la evolución de la banda desde un sonido muy marcado por el funky hacia uno con influencias hard core y sicodélicas.
La producción está llena de canciones fabulosas, partiendo por la notable y bastante ácida Warped, cuyo luminoso, rojo y misógino videoclip concluye con un histórico beso entre Kiedis y Navarro.
La pegajosa Aeroplane es la segunda canción, coro de niños incluidos (no recuerdo qué productor solía afirmar que si se incluía voces infantiles en un tema, el hit era seguro...)
Deep kick le procede (incluyendo los llantos del bebé hijo de Navarro), para cerrar una primera parte con la semiacústica My friends (de extraña letra, estando en la cárcel por estar triste...?).
Con homenaje a Iggy Pop de por medio, Coffee shop es una de las canciones más energéticas y novedosas del CD, recurriendo a las guitarras como bases y a los bajos como solos. Por cierto, gran estribillo.
Continúa Pea, canción interpretada por el nacido en Australia, Michael Peter Balzary, conocido popularmente como Flea. Con sólo un bajo de fondo, la canción es originalmente muy ingenua, para luego rematar con una serie de improperios y palabrotas de bajos recursos, aunque de alta genialidad. One big mob tiene una construcción similar a Coffee shop, aunque hacia la mitad incorpora una sección de lentos que no me satisface del todo. En realidad, nunca me gustó demasiado.
La funky Walkabout abre la segunda mitad de disco, tema no demasiado interesante salvo por los foxtrots que incorpora hacia su final.
Sigue la emotiva (guitarras lentas, letras profundas...) Tearjerker, para luego dar con One Hot Minute: genial, potente, hardcore y sicodélica. Dave Navarro, al final del día.
Falling into grace se enmarca luego en la tradición más funky (y Flea) de la banda para luego dar una Shallow by thy game, en mi muy subjetiva opinión, una de las mejores canciones en la carrera de los RHCP. Y una con energía que no se ahorra nada.
El álbum concluye con un tema muy interesante, Transcending, que es un homenaje al desaparecido actor River Phoenix, quien fuera amigo de Flea. Es ésta, en realidad, una canción hecha de dos canciones. La primera, más lenta, con buenas armonías de bajos y puntas de guitarras. La segunda, un grito primitivo y desgarrador marcado por la furia y la desesperación.
La primera vez que tocaron en vivo los RHCP con Navarro fue para la versión 1994 del festival de Woodstock. Genial presentación, donde aparecieron vestidos de ampolletas gigantes.
Con una buen cuota de humor negro, Navarro solía usar una uñeta donde estaban escritos los nombres de los sietes guitarristas que le habían precedido en RHCP, y donde finalmente se podía apreciar el signo “?”.
Como es sabido, para el siguiente álbum, Californication, Navarro ya no estaba y la banda volvió a reclutar a un recuperado John Frusciante, hecho que marcó un nuevo giro en el grupo y el inicio de una gran consolidación. Fue justamente durante esta gira cuando los vi en vivo en Barcelona, para luego repetirme el plato en Santiago para los conciertos de By The Way.
La pena es que tras el regreso de Frusciante, los RHCP jamás volvieron a tocar canciones de One Hot Minute, hecho que marcó a esta producción como un eslabón perdido en su carrera. Pero vaya qué eslabón.